Blog de Esteban Martinez

Blog personal

Noticias y comentarios personales y una que otra mentada de madre.

Sueños enjaulados.

Escrito por Leerypensar 15-09-2018 en Pensar. Comentarios (0)

Es increíble la cantidad de cosas que pasan a diario alrededor del mundo y del cual no nos damos cuenta, se nos olvida rápido o simplemente deja de ser noticia.


Un ejemplo muy claro es la situación migratoria de Estados Unidos que a pesar de todo lo que se ah hecho y dicho sobre lo que paso aún no esta resuelto del todo pues los niños migrantes que fueron capturados siguen en esas jaulas sin saber que es lo que pasara con ellos, a pesar de todo los enormes esfuerzos que se han hecho para detener esto, solo son pocos los que actúan y eso contra uno de los gobiernos mas grandes del planeta es insuficiente. 


Nos quejamos del trato que se les da a los migrantes mexicanos en Estados Unidos pero tampoco tomamos conciencia de lo que pasa en nuestra frontera donde se trata mucho peor a los centroamericanos que tienen que cruzar un “estorbo” (para ellos) llamado México para después terminar en la frontera de estados unidos y ahí ya no saber lo que pasara contigo de no saber si llegaran para una “mejor condición de vida”. Y a pesar de llegar lo único con lo que se encuentran es con más violencia y maltrato por ser migrantes y aún más con el temor de que la policía migratoria los capture. 


En el caso de los niños es algo mas complicado pues aun que viajen con su familia, los separan de esta y lo llevan a una zona exclusiva para menores de edad. Y un niño antes del 2014 tenían 365 días para poder buscar un abogado y poder comparecer ante una corte, un juez y un jurado (todos estadounidenses), para poder alegar y lograr quedarse en estados unidos.

Y lo peor de todo es que mientras los niños que sufren alguna especie de maltrato, violación tanto psicológica como física dentro del mismo territorio estadounidense, esos son los niños que tienen más oportunidades de poder quedarse dentro del país con asiló político o con alguna asociación que los protega dentro del mismo país. Pero en la administración de Barack Obama esta ley fue retirada para poder deportar a la mayoría de los inmigrantes de una manera muy rápida. 


A cada niño que llega al país y es capturado se le hacen 40 preguntas y la escritora Valeria Luiselli (autora del libro “Los Niños Perdidos") estuvo hace un par de años como ayudante y traductora de los niños y una cosa que a ella le indignó mucho fue que a la pregunta “¿Qué es lo peor que te ha pasado?” la respuesta de la mayoría de los niños siempre es: México. Eso es algo de lo cual hay que pensar y analizar sobre que estamos haciendo mal como país.

Primero buscar una solución viable y que sea la mejor para los niños, para esos pequeños sueños enjaulados.



La pareja y las palabras

Escrito por Leerypensar 19-06-2018 en Amar y pensar. Comentarios (0)

Dice Rafael Manrique que el enamoramiento se basa en las percepciones. “Nos enamoramos de un gesto, de una mirada, de un color de piel, de un sabor, de una palabra, de unos ojos, de una boca, de unos pechos, de una idea, de una opinión” (Sexo, erotismo y amor 1996).


     Y después vendrá o no, la construcción de una intersubjetividad basada en la comprensión limitada de quién es el otro. El otro como ser autónomo, es incomunicable. Cuántas veces nos pasa que no encontramos las palabras para explicarle a quien amamos lo que sentimos o lo que se siente ser nosotros. La comunicación que se realiza a través de las palabras y del significado que les atribuimos es limitada, finita, equívoca y frustrante a veces.


     Las parejas que aprenden a conversar son las que más probabilidades tienen de ser felices. Quizá una de las imágenes más desoladoras es la de una pareja que no habla. En silencio en el restaurante mientras cenan o toman un café, en silencio en las vacaciones, en silencio en los largos trayectos a través del tráfico. Una pareja que no pueda construirse un mundo compartido de palabras, es una pareja condenada al aburrimiento. Porque una vez que crea la idealización, lo que queda es uno, simplón quizá, retorcido tal vez, aburrida, obsesivo, callado, parlanchina. Y sin comprensión y sin diálogo franco y constante, no hay forma de armarse una relación plenamente humana.


     No es casualidad que los seres humanos hablemos y que seamos los únicos seres vivos que lo hacen. Los humanos somos fundamentalmente seres creadores de significados. Decir ahora no quiero hablar, hablemos después, pensar en otra cosa mientras me hablas, perder la curiosidad por seguir sabiendo quien eres aunque tenga muchos años viviendo a tu lado, todo esto, mata el amor, los significados y la construcción de una narrativa amorosa. 

     Contarse lo que uno ha hecho en el día, lo que uno ha pensado, reflexionado o sentido, va perdiendo sentido con el incremento de la confianza. Uno se engaña pensando que conoce a quien ama, cuando el otro, insisto, es imposible de conocer de modo total.


     Hablar y no tener miedo de las palabras implica también aceptar las diferencias individuales y gozarlas en lugar de sufrirlas. Somos como agua y aceite no es más que una frase exagerada que no implica necesariamente incomprensión o ruptura. A menos que yo crea que para amar a alguien, deberá pensar exactamente como yo pienso. Dice Manrique que lo malo no es que sean diferentes o iguales, sino que siempre sean los mismos. Que la pareja tenga miedo de cambiar, de transformar el discurso, de decir lo que realmente piensa sin miedo al abandono o al rechazo. Las parejas siempre iguales tenderán al aburrimiento y al desamor. Y no hace falta cambiar de pareja para inyectar novedad a la vida amorosa. Todos somos uno y somos otros. Y tenemos muchas identidades, muchas formas de ser que mantenemos ocultas y que podrían ser exploradas en el vínculo amoroso.


     El amor debería ser el mejor espacio para hablar con libertad. Muchas veces no lo es y la violencia de las palabras se manifiesta en las peleas de pareja que pueden llegar a ser muy dolorosas. Las palabras pueden servir para construir amor y libertad o para crear odio y crueldad. Somos nuestras palabras, nuestras conversaciones, para construir o para destruir el amor.

Ciencia de lo cotidiano.

Escrito por Leerypensar 09-06-2018 en Amar y pensar. Comentarios (0)

Un amigo me hizo reír mucho hace un par de días. Dice que la vida es aburrida, que uno debe aburrirse con alguien y elegir con quien hacerlo por el resto de la vida. Es que he visto demasiadas películas de Woody Allen, remata. Yo muero de risa porque lo dice en la víspera de casarse por segunda vez, con una mujer que describe como inteligentísima pero de la que ya se cansó. Sospecho que el problema no es de la mujer sino de mi amigo, que es un voraz consumidor de experiencias, que ha vivido al límite durante largos períodos de su vida y que solo logró hacer tierra gracias a que tuvo una hija hace algunos años y a su increíble talento literario.

      Me dejó pensando, además de hacerme carcajear, sobre el aburrimiento y la pareja. Para muchos es el infierno más temido: que el otro me descubra, que sepa que soy lo menos interesante cuando estoy recién levantado y apenas puedo articular palabras, o que soy animalito de costumbres y que si no me tomo un café antes de las 8 am, no hay modo de que arranque el día con algo de chispa.

      Todos somos esos aburridos y aburridas y nos volvemos, propositivamente, un poco más interesantes para darnos a querer con nuestros hijos, amigos, clientes o con la pareja de corto o largo plazo. Quizá pensamos que nos quieren porque somos especiales y entretenidos. Porque tenemos talentos escondidos que harán que los otros nos amen locamente.

      La intensidad que significa el descubrimiento de una persona amaina después de unos meses, o con mucha suerte después de años, cuando ya conoces lo esencial de alguien. Ya te sabes muchos de sus chistes e historias, lo que le gusta comer, la música que lo pone feliz, cuántos tragos necesita para emborracharse, qué cosas le dolían de niño, a quien amaba por sobre todas las cosas, de qué tiene miedo, qué lo hace feliz, como se ve recién levantado, entusiasmado, preocupado, ansioso o melancólico.

      Quizá las emociones pasionales disminuyen pero comienza la etapa de la ternura si las cosas funcionan. Si la mezcla de dos temperamentos es armoniosa, nace la magia. Aparece un lugar en donde los dos pueden sentirse libres de ser los que son, sin fuegos artificiales ni exageraciones, sin tratar de impresionar con comentarios profundos e inteligentes, sin maquillaje ni tacones, sin saco ni corbata, despeinados, enfermos, de malas o en medio de un ataque de tristeza dominical. De eso puede tratarse el amor. El que sí existe y al que puede aspirarse porque es espectacular solo a veces, pero conmovedor siempre.

       El que se aburre o se entretiene es uno. Por ejemplo, alguien que es incapaz de guardar silencio mientras tú lees un libro porque solo puede hablar y hablar y hablar, no está siendo capaz de entretenerse solo. Alguien que está esperando que lo o la lleves al cine porque se siente un verdadero paria si va solo o sola, se aburre consigo mismo. Alguien que necesita del otro todo el tiempo, es el que mayor riesgo tiene de aburrirse.

        Aunque también pienso que hay tipos de personalidad, formas de contar las cosas, referencias culturales o literarias, lo que hace reír a cada quien, las canciones que adoras cantar, el vínculo gozoso con la comida o francamente utilitario, la capacidad de ser libre o no en el sexo… que sí terminan cristalizando en un vínculo interesante o fallido.

       Lo que pasa es que a veces nos engañamos con tal de quedarnos con alguien con quien no tenemos mucho de que hablar o que nos parece demasiado joven e inexperto, o que tiene una serie de recovecos tan oscuros que lo que nos despierta es miedo y no amor. Pero no somos capaces de irnos porque irse es reconocer que nos hemos equivocado.

      Como mi amigo, que ahora usa el extraño argumento de que uno debe quedarse con alguien para aburrirse. Que eso es la vida en pareja al fin y al cabo: aprender a soportar juntos el lado aburrido de la vida.

      Yo creo que sí aunque quizá lo refrasearía: el lado repetitivo y cotidiano, las cosas poco interesantes e indispensables que hay que hacer para cuidar la salud, la economía, la limpieza de una casa (y ahora sale del silencio la legión de cursis para defender la felicidad escondida en barrer la casa o en pagar impuestos). No hay tal, son males necesarios. Lo interesante de la vida está en los paseos, en aprender cosas nuevas, en las películas fantásticas, en la comida deliciosa, en las confesiones del alma, en la solidaridad que sorprende y reconforta cuando alguien que nos ama nos cuida o consuela en la desgracia.

       La delicia y el disfrute de una pareja debe estar presente siempre, en dosis suficientes. De lo contrario, esa mujer o ese hombre es tu amigo, tu socia, tu casi hermana de sangre, pero no tu pareja.

       Una amiga estuvo en una relación durante 25 años con un hombre con el que jamás vivió. Se amaron y se ayudaron en todo lo que pudieron, pero siempre conservaron cada uno su espacio. Estaba convencida de que esos 25 años hubieran sido imposibles sin la magia de la conversación que eran capaces de encender cada que se encontraban. Quédate con esa persona con la que puedas hablar durante horas o con la que puedas estar en silencio sin sentir que te saca de su vida, dijo.


      Yo creo que si mi amigo se siente aburrido desde antes de firmar su acta de matrimonio, no debería casarse. Si las razones son su incapacidad de mantenerse entusiasmado, o si está deprimido, o si en verdad él y ella tampoco tienen tanto que decirse, son razones suficientes para dar marcha atrás.

    Los vínculos son difíciles, complicados, montañas rusas emocionales cuando son profundos. Todas las parejas felices que conozco o de las que he sido parte en algún momento de mi vida, platican delicioso y tienen la sensación de que el tiempo no pasa y de que los temas no se agotan. Y siempre encuentran la extraña belleza en un bostezo, en la forma de dormir, en la ternura que ocultan las manías sin las que nos sentimos perdidos en el mundo. Hay una aceptación inexplicable, casi biológica, de esa persona que amamos. Es un fuego primigenio que – permítaseme la cursilería – puede llegar a durar toda la vida, si la llama es profunda y esencial.

Aprender a quedarse.

Escrito por Leerypensar 06-06-2018 en Amar y pensar. Comentarios (0)

Es un drama de la vida afectiva carecer de la capacidad para quedarse y para encontrar satisfacción en la realidad aunque sea frustrante.


Como algunas personas que no han logrado construir ninguna relación amorosa duradera, no por falta de ganas, sino por su tendencia a la idealización. Todas las personas con las que han salido, pierden su encanto después de unas semanas, cuando se hacen evidentes los defectos. Ciertas personas no saben relacionarse con la debilidad, ni con la vulnerabilidad ni con la imperfección. Es posible que tenga tanto miedo de que sean descubiertas en sus propias limitaciones, que prefiera transferirlas –como un claro síntoma– .


“Las únicas satisfacciones disponibles son las satisfacciones de la realidad, que son en sí mismas, frustrantes”.


Habría que detenerse y leer con calma y varias veces la frase de Adam Phillips, que deja claro que la frustración es una parte inseparable de la satisfacción, lo que quiere decir que todos los deseos siempre serán parcialmente saciados.

Las consecuencias de aprender a integrar la frustración como elemento esencial de la vida diaria, son vastas. Todos sabemos que los niños y adolescentes que no saben frustrarse, enfrentarán muchas dificultades para controlar sus impulsos o para perseverar en las tareas repetitivas, indispensables para construir aprendizaje. Lo mismo puede decirse de un adulto, que cuando algo sale mal, no tiene la tranquilidad de ánimo para sobreponerse. Dos personas que enfrentan circunstancias similares harán interpretaciones distintas de lo que ocurre, dependiendo de cuánta realidad sean capaces de soportar.


Muchos no saben quedarse precisamente por esto: porque anticipar que los deseos quedarán solo parcialmente satisfechos, les llena de amargura y prefieren huir, evitar cercanía, renunciar a un trabajo casi en el segundo en que las cosas se vuelven ríspidas o alejarse de amigos que no los comprendieron con precisión quirúrgica.


Los que se van se sienten incomprendidos: el deseo de ser comprendidos es una de las formas “más violentas de la nostalgia”, apunta Phillips. Tiene razón. Todos quisiéramos encontrarnos a esa madre buena que nos cuidó, alimentó y miró con ternura. O desearíamos contar con alguien que repare la ausencia o la frialdad de una madre no disponible.


Irse antes de que los otros digan adiós, es una efectiva y también torpe defensa psíquica para evitar el dolor de las pérdidas. Quien se involucra fugazmente con la vida, jamás logra la calma y la paciencia necesarias para construir lazos sólidos y profundos.


Algunas personas no saben quedarse. Pierden rápidamente el interés por las personas que creía apreciar. Eligen un trabajo con mucha ilusión pero no le alcanza más que para unos cuantos meses. Inician clases de yoga, talleres literarios, diplomados. Decenas de programas inconclusos porque siempre termina pensando que jamás va a encontrar lo que busca. Porque su idealismo es en el fondo pesimismo. Nada se parece a lo que existe en su fantasía.


También ocurre en la terapia. Pacientes que pronto se desesperan y que no creen que nadie pueda ayudarlos ni comprenderlos, abandonan su intento de sentirse mejor porque huir es un modo de relación que no pueden detener.


La bondad, entendida como la capacidad para comprender la vulnerabilidad propia y de los otros, es una cualidad indispensable. Solo aceptando la debilidad, la fealdad, lo defectuoso, lo incomprensible, el caos, la contradicción y la frustración del deseo, se puede ser capaz de encontrar belleza, amor, conexión, no con lo excepcional sino con lo ordinario y poco espectacular que nos describe a todos y a todas las cosas.


Le hacemos la guerra a la frustración cuando nos enamoramos o cuando encontramos algo que nos apasiona hacer, pero la única forma de que estos intentos fructifiquen como estados emocionales más o menos estables, es quedarse una vez que pasó el entusiasmo inicial. Solo quienes se quedan a pesar de las imperfecciones de la realidad pueden combatir el vacío, condición irrenunciable de la existencia, que siempre impone la pregunta: ¿Y después de esto, qué?


Al entrevistar al paciente inestable en sus relaciones,  no se siente empatía afectiva con el concepto que tiene de sí mismo y los demás en dicha relación, porque las contradicciones de sus descripciones son en exceso toscas. Parecen caricaturas más que individuos reales. La calidad de las relaciones interpersonales queda gravemente comprometida , resintiéndose la estabilidad y la profundidad que se expresan a través de la calidez, el interés, la solicitud y la sensibilidad que deberían caracterizar las relaciones con las personas más significativas.


Un comportamiento desagradable o una situación difícil de controlar evocan de inmediato estados de ánimo ligados a imágenes totalmente negativas. Los

juicios extremos sobre nosotros mismos o sobre la realidad que nos rodea (llamado mecanismo de escisión: todo bueno – todo malo, blanco – negro, no hay matices ni grado)  imposibilitan quedarse.


Las personas maduras tienen conciencia de la imperfección propia y ajena y son capaces de preguntarse: ¿Me estoy enojando demasiado? ¿Debería ser paciente y tolerante?

Los que no saben quedarse tienden a vivir sumergidos fugazmente en relaciones pasionales y caóticas, con grandes oscilaciones emotivas que dejan al final la sensación de vacío.

Colaboración con el Psicólogo: Fausto p.

Han Solo.

Escrito por Leerypensar 26-05-2018 en Reseña y opinión. Comentarios (0)

"Solo a Star Wars story" es la nueva entrega de los spin-off que Disney a estado creando para el nuevo universo de Star Wars. 

Este film nos da a conocer como es que el contrabandista mas querido y extrañado de la galaxia Han Solo, conoce a su fiel compañero Chewbacca, como es que le gana a Lando la nave mas codiciada en toda la galaxia, el "Halcón Milenario" y esta película nos lleva por la velocidad luz a conocer una historia llena de gran acción. 

Un romance que es el pretexto perfecto para el comienzo de esta película y ver como nuestro héroe cae en una serie de acontecimientos como unirse al imperio, conocer a un grupo de contrabandistas que lo ayudan y quienes lo conducen a este mundo de traiciones, conoce a chewie (de una manera inesperada, para mi) y es una historia fluida y llena de sorpresas algunas esperadas y otras no, el Han de esta entrega respeta el gran carisma de el Han que se conoce desde el episodio IV en adelante, así como el carismade de otros personajes de la saga.  

Sin duda te llena de curiosidad el saber mas allá de lo que ya de conocía de Solo (y que ese no era su nombre real). Sin duda es una gran película, contiene una buena explicación y se concentra en una pequeña pero peligrosa misión que lo lleva a recorrer parte de la galaxia y en la que se da a conocer la ya la afamada historia de los "12 parcecs" y que en momentos te emociona y te atrapa desde un principio, y en el que la escena cumbre (que no incluye a Han) es la aparición de un personaje conocido  en el episodio I de la saga y en el que se revive en la series animadas. 

El final (muy inesperado y sorpresivo) se mantiene abierto para posiblemente conectarlo con otro esperado spin-off de la fabulosa saga. 

Sin duda es un film lleno de acción, romance, aventura y que al final te hace sentir como un pequeño niño en el momento que te hace recordar tu infancia. 

Y tengo que reconocerlo que por momentos me emocione (como tu tía con los actores "gays" de las telenovelas) y que también me logro hacer llorar de la emoción y estoy seguro que no fui el único y que a pesar de todo, Star Wars envejece, crece y crea a las generaciones de fans.